V Domingo de Cuaresma: Cristo, misterio de piedad

Lo último del obispo


El Evangelio de este Domingo (Jn 8, 1-11) se nos presenta un episodio dramático, con un trasfondo de controversia: Jesús se encontraba en el Templo enseñando, cuando le presentan una mujer que, de acuerdo con lo escrito en la Ley de Moisés, debía morir lapidada, ya que había sido sorprendida en adulterio. Quienes la presentaban, no lo hacían por cumplir con el precepto mosaico, sino para poner a prueba a Jesús y así poder acusarlo de ser contrario a la Ley de Moisés.

La clave de interpretación de este episodio es, como hemos escuchado a lo largo de este tiempo cuaresmal, la misericordia de Dios revelada en la persona de Cristo.

La misericordia y el perdón que Dios nos ofrece en la persona de Jesús, “es novedad de vida para el que le abre el corazón y, reconociendo su pecado, acoge su misericordia, que salva. En esta página evangélica, el Señor ofrece su don de amor a la adúltera, a la que ha perdonado y devuelto su plena dignidad humana y espiritual. Lo ofrece también a sus acusadores, pero su corazón permanece cerrado e impermeable” (San Juan Pablo II, Homilía 01-04-2001)

Sólo Cristo puede salvar al hombre, porque toma sobre sí su pecado y le ofrece la posibilidad de cambiar.

San Juan Pablo II, en 1984 escribió la exhortación apostólica Reconciliatio et Paenitentia; el segundo capítulo de este documento se titula “Mysterium pietatis”, en el cual el Papa hace una reflexión sobre este misterio:

“El misterio o sacramento de la piedad es el mismo misterio de Cristo. Es en una síntesis completa: el misterio de la Encarnación y de la Redención, de la Pascua plena de Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María; misterio de su pasión y muerte, de su resurrección y glorificación. Lo que san Pablo, recogiendo las frases del himno, ha querido recalcar es que este misterio es el principio secreto vital que hace de la Iglesia la casa de Dios, la columna y el fundamento de la verdad. Siguiendo la enseñanza paulina, podemos afirmar que este mismo misterio de la infinita piedad de Dios hacia nosotros es capaz de penetrar hasta las raíces más escondidas de nuestra iniquidad, para suscitar en el alma un movimiento de conversión, redimirla e impulsarla hacia la reconciliación.” (Reconciliatio et Paenitentia, n. 20)

“El misterio de la piedad es el camino abierto por la misericordia divina a la vida reconciliada.” (Reconciliatio et Paenitentia, n. 22)

Volviendo al texto evangélico, en este mismo capítulo 8 del Evangelio de San Juan, en el versículo siguiente al diálogo con la mujer, Cristo declara de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (cfr. Jn 5, 12); a propósito de Cristo como luz del mundo,  San Pablo VI, en la constitución apostólica Paenitemini(1966), escribe: “Con Cristo, el hombre queda iluminado con una luz nueva, y consiguientemente reconoce la santidad de Dios y la gravedad del pecado, por medio de la palabra de Cristo se le transmite el mensaje que invita a la conversión y concede el perdón de los pecados”.

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